De finales y principios. Lo inesperado

Ayer, gracias a una amiga, asistí a un encuentro llamado El nudo materno. Maternidad y escritura en el que varias escritoras compartieron fragmentos sobre cómo habían sentido ellas diferentes fases y aristas de su propia experiencia de maternidad. Fue emocionante y duro. Y también esperanzador y precioso. Se habló de maneras de querer, se leyó, ¡por fin!, sobre la contradicción, sobre la mano que escribe y la que se paraliza ante las circunstancias y sobre el vientre y la vida que se abren paso sin que nada de esto les importe; como tiene que ser. De cuerpos nuevos y antiguos, de tetas y de sexo. También de lo difícil que es caminar hacia una maternidad que no llega. De política, de identidad, de transformación. De la vida.

Ayer además, solo un rato antes de todo eso, compré un libro porque su primera página hablaba del final. Del final de la vida como algo que todos sabemos que llegará seguro: “De ahí nace la crueldad desmedida y la bondad inesperada de los humanos. De ahí nace todo, de conocer el final pero no el cuento”.

Y, como en los días que cuentan, al irme a la cama todo tenía sentido dentro de mi propia historia, de mi particular relato de estos días. Hace ya un año de estos días.

A estas alturas no descubro nada si digo que con la maternidad se pierde. Amigos, tiempo, salud, descanso, los nervios a veces… Y tampoco descubro nada si digo que se gana. Generosidad, crecimiento inmenso, empatía; la experiencia.

Y entre lo que se va y lo que llega, las sorpresas. Lo inesperado. Lo que empieza, como en mi caso, en forma de miedo, de una consciencia nueva del paso del tiempo o del vértigo de saber que traer una vida al mundo es también un poco dejar paso, echarse a un lado. La sorpresa de que ese miedo sea de repente prisa. Por hacer, por no dejar de aprender, por volver a todo lo pendiente, a todo lo querido siempre. Una prisa convertida en impulso, en ganas, en el objetivo firme y ya sin angustia de no esperar al momento adecuado; de no hacer como que no sé que esto se acaba. Que esto tiene que seguir. Entre el final y el principio, el particular milagro de encontrar inspiración en algo tan mundano y aparentemente tan poco literario, por cotidiano, por repetitivo, por no contado, por mal contado, como la maternidad.

Ayer me acosté pensando que no era mal camino. Que tiene sentido hablar de esto, hablar de otra manera. Contarnos. Que tiene sentido buscar voces con las que identificarte aunque haya pocas o, mejor dicho, aunque sean difíciles de encontrar. Al final del día, me sentí un poco menos sola.

mde
El nudo materno. Maternidad y escritura (Sala Off Latina)

De izquierda a derecha, las escritoras y sus últimas obras:

Carmen G. de la Cueva, Mamá, quiero ser feminista

Silvia Nanclares, Quién quiere ser madre

María Folguera, Los primeros días de Pompeya

Lara Moreno, Piel de Lobo

Nuria Labari, Cosas que brillan cuando están rotas

Otros libros de los que se habló:

Dónde está mi tribu, Carolina del Olmo

Maternidad y creación. Lecturas esenciales, Moyra Davey

Nueve lunas, de Gabriela Wiener

El devorador de calabazas, Penelope Mortimer

También esto pasará, Milena Busquets

El libro que me compré ayer y del que espero poder leer más que la primera página:

Tierra de Campos, David Trueba

(Foto principal:  Girl with Book and Bench-Sitters in Fountain Square 07/1973, vía The U.S National Archives)

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